24 de noviembre de 2012

Mi historia contigo

Me has enseñado que la distancia no impide los sentimientos, ni los buenos ni los malos. Pero es mucho el tiempo de espera para que me mantengas en tu mente, por supuesto despreocúpate, en la mía tu si estarás. Si algo bien recuerdo son las veces que dije no querer traspasar esa barrera que va más allá de la amistad, pues a pesar de poder cruzar esa línea en ambos sentidos, algo que dominas a la perfección, yo te advertí que no soy tan buena para no sentir. Parece que no me escuchabas, no me creías o quizá poco te importó si el que ganabas eras tu.
 
Siempre supe que tan solo era palabrería, lo malo es que a pesar de todo te empecé a creer y aún peor cuando comenzaste a demostrármelo con hechos. Pensé que sería diferente, siempre hay esa esperanza de: conmigo es distinto.
 
Y si algo me sobra es imaginación, no te haces la más mínima idea de la cantidad de situaciones que he llegado a crear.  Sí, es tonto, nunca me dijiste ni me prometiste nada, siempre me mostraste como eras. Tu siendo tan tu y yo siendo tan yo, sabíamos lo que teníamos, lo que pasaría y lo que queríamos pero aún así continuamos.
 
Hoy tu estás bien, disfrutando tu vida, siguiendo como siempre, confundiéndome cada día un poco más, jugando conmigo a un juego del que desconozco las normas y vas olvidándote de que existo.
Yo estoy aquí en medio de mil dudas, en mitad de una línea que no sé hacia dónde cruzar, sin saber si algún día seré capaz de no sentir, y contigo en mi mente.
 
Me has enseñado a contar los días, esperando uno concreto sin saber cuál será ese.

7 de octubre de 2012

De momento


Con esa sonrisa de pícaro, de travesura tras travesura, te conocí. Me saludaste con dos besos y ya me trataste como si de siempre nos conociéramos. Me avasallaste a preguntas, querías que te contara de mi vida. Pensé que raramente te volvería a ver. Un típico ya nos veremos, que siempre queda en nada.

Y de pronto tengo tu espalda entre mis manos. Y entre risas y bromas, burlas, manotazos, y alguna patada, ya estás en mí, formando parte de lo que soy. Me llamas y un café nos acerca más, ahora sí, te puedo insultar con tranquilidad. Frases que nos acompañan, algo muy tuyo. Una noche fría, masajes colectivos, sueño y pocas mantas, tu abrazo. Una especie de despedida que me hacía dudar de un nuevo encuentro, y que tan solo fue el comienzo de algo más. Te extrañaré, dos besos y un adiós.
 
24 horas después el teléfono sonó, como los siguientes 12 días. Una llamada, un mensaje de texto. Un cómo estás, un qué has hecho hoy, un tengo una horita para vernos... una forma de cambiarme la cara, de animarme tras un bajón. Y entre tonterías no podía dejar de abrazarte, algo así como un osito de peluche, algo así como un refugio, como una seguridad. Un intento de enfado entre tantas burlas, un “chiste” que me seguirá siempre. El encuentro no planeado una noche de viernes. Después, un mensaje diferente. La despedida oficial, comida, música, tus labios, una foto que interrumpe. El adiós. Tres días más, tres encuentros más, tres adiós más. Mis lágrimas en tu hombro, tu sabor en mis labios. Un hasta pronto. Y el último mensaje, que me hace reír y añorarte, y que trae a mi cada momento juntos, que llevaré conmigo, igual que tu pañuelo y tu olor.
 
Déjame decirte que entre bromas y risas no quise creer lo que me decías y que aún hoy me cuesta aceptar tus palabras por temor de colgarme de una ironía. Pero, ¿sabes?, la vida pasa de momento y yo ahora te recuerdo con esa sonrisa de pícaro, de travesura tras travesura.

4 de septiembre de 2012

La noche del recuerdo

Desprendías tanto calor que no necesitaba sábanas. Tus brazos me rodeaban y me sentía indefensa, pero con la mejor protección que podía tener.
Tu mirada estaba llena de preguntas, tantas dudas que no te contesté, tantas que no preguntaste.
Los silencios eran eternos, mágicos, llenos de deseos tímidos de salir. Silencios eternos que buscaban tu boca, como mi mano cuando acariciaba tu cara.
No podía evitar reír, al pensar que pensarías, al sentirme tan pequeña entre tus brazos, al sentir tantas inseguridades entre tus caricias.
Quise cerrar los ojos y desaparecer, quise que aquella noche no acabara. Quise no volver a mi realidad, y ahora que estoy en ella solo quiero un abrazo más.

2 de septiembre de 2012

Tengo miedo

Siento que el tiempo pasa, que pierdo oportunidades. Siento que me dejo lo mejor, que me falta valor.
Siento el miedo que no tuve al marcharme, los nervios que no viví en ningún momento.
Siento seguir quejándome, mientras no me muevo de la silla.

Quise correr, volar, llegar, dejar todo allí. Desconectar, empezar de nuevo. Empezar de nuevo algo con un final muy pronto.
Pero soy la misma, desconecto y digo adiós, pero sigo sintiendo. A ti, te sigo odiando, a mi cabeza, la sigo detestando. Me sigues marcando, me sigues obstaculizando.
Y encontré una oportunidad, pero tus marcas me frenan, mi miedo me paraliza. Siento, hago y digo cosas contradictorias.

Tengo miedo de quedarme sola y aislarme como tanto tiempo lo estuve haciendo. De llorar por saber lo que quiero y no poder tenerlo. Tengo miedo de seguir dándome cuenta que quizá no era tan fuerte como creía, que quizá no lucho tanto por lo que sueño.
Temo, que ahora que me empezaba a encontrar, algo me descoloque, y de nuevo, no sepa quién soy.

8 de agosto de 2012

Gracias amigos. Adiós pasado. Hola Argentina

Tengo ganas de escribir. Tengo tantas cosas para decir. Es mucha gente la que me rodea día a día, quizá aún no sepa en quién puedo contar y en quién no, quién será el que esté, aún cuando yo no esté. Pero me gustaría tanto poder decir a cada uno algo, explicarle lo que significa en mi vida o lo que ha significado. ¿Por qué no lo hago? No, quizá por temor o porque no soy capaz de expresarme más allá de una hoja en blanco.
Mi vida ha sido diferente a la del resto o tan solo diferente a como alguien la pueda desear. He reído muchísimo, tantos momentos, tantas tonterías, tantas locuras, he reído hasta llorar. Y he llorado tanto, tantas noches en silencio, tantos lavabos de escondite, tantas lágrimas derramadas, he llorado tanto...hasta reír.
He sufrido, sí, y he crecido. He repetido tantos errores como cosas aprendidas. Me he hecho fuerte, cuando mis ojos miraban un puente y la distancia hasta el suelo. Me he hecho sensible, cuando me herían los que quería, aún sin ellos quererlo.
Tantas veces sola, rodeada de gente.
He tenido amigos, incambiables, los que me fallaron cuando los necesité, los que estaban y están en silencio, a la lejanía. He tenido amigos que me dieron una mano cuando no la esperaba. Inolvidables, tan igual y tan diferente a mi, que siempre estaban en silencio, porque no sabían que decir, pero eran mi apoyo. Y todos me han llenado de buenos momentos, de infinitos recuerdos, de risas, todos me han llenado convirtiéndome en la que soy. 
No tengo reproches ni rencores, bueno muy probablemente sí, pero quiero dejarlos, en el pasado que tuve, que me llevó a lo alto y que me estampó con el subsuelo, en el pasado que siempre será mío pero que no volverá. Ni las lágrimas por lo que lloré ni las risas por las que reí. Hoy quiero dejar atrás lo que es de mi pasado, vivir mi presente y disfrutar de aquello que siempre soñé y que no creía que llegaría. Ese viaje, que como alguien dijo, me merezco. Ese que pondrá fin al libro de mi ayer y será el principio de una nueva historia. Ese sueño que aún no creo que tan solo me queden horas para cumplirlo.
Adiós pasado, adiós sufrimiento. Hola recuerdos, os guardaré en una cajita. Hola presente. Hola Argentina.

13 de junio de 2012

Te vi


Te vi. Desde el primer instante supe que eras tu. No podía ser nadie más. Nos separaban dos cruces y montones de coches. Estabas tan lejos...pero hacía tanto tiempo que no te tenía tan cerca. No tenía duda, eras tu. Solo quería correr, correr hacia ti y abrazarte. Además te he visto triste, ya no eres el que pisaba seguro, diciendo en cada paso, aquí estoy yo para comerme al mundo. Abrazarte...sentirte otra vez. Los semáforos no se ponían de acuerdo, los coches no cesaban y tu, sin verme, seguías adelante, distanciándote. De pronto noté la inmensa sonrisa que se dibujaba en mi cara. Tan solo al verte a lo lejos me habías hecho más feliz. Lo tenía decidido, no te podía dejar ir, demasiado tiempo esperando volver a encontrarte. Y tu nombre salió de mis labios. No me escuchaste, y yo me di cuenta, que no estaba sola. Era algo tarde, tus pasos son largos y ligeros, y mis dudas me paralizan, íbamos a tiempos distintos. No podía salir tras de ti y solo esperé a que te giraras y me vieses. Me has hecho feliz, simplemente te vi.

21 de mayo de 2012

Placer. Pasión


Placer. Mis manos acarician tus piernas, suavemente. De abajo a arriba y a la inversa. Aprieto tu muslo, cosquilleo tu pierna. Recorro todo tu cuerpo, cambiando de ritmo, ahora deprisa ahora poco a poco. Sintiendo cada cm de ti. Observando cada peca de tu espalda. Revoloteando tu pelo, enredándose en mis manos. Recorrer tus brazos, coger tu mano. Sentir el vaivén en mi cuerpo. Placer. Adivinar lo que te gusta. Descubrir tus puntos sensibles. Sensibles al dolor, sensibles al disfrute. A media luz, las velas encendidas y la llama que arde, como mis manos al tocarte. El tiempo vuela como si se hubiese detenido. Las caricias por tu cuello, los cosquilleos por tu cuerpo. Algo así como un medio abrazo. Un apretón de placer y pasión.
Pasión por los masajes que doy, por la felicidad que me dan. Placer por ser algo de mi yo.

28 de febrero de 2012

No seas egoísta, piensa en mi


Tengo miedo. No me dejes sola, tengo mucho por aprender, tengo mucho para aprender de ti.

No te vayas, sabes bien que no era para siempre y aunque ahora duela seguirás adelante. Yo estaré a tu lado. Pero no te escapes, tu no eres así.

Te conozco, para mi eres el chico transparente; sé cuando mientes, cuando eres feliz, cuando actúas, cuando te pasa algo. Sin embargo aún no he descubierto lo que puede llegar a pasar por tu cabeza, lo que realmente puedes llegar a sentir.

Te conozco, estabas conmigo antes de mi nacimiento. He pisado cada paso que dabas, te he seguido a ciegas, aun sabiendo que no era lo mejor. He escuchado cada palabra que no me decías, cada gesto que me has enseñado. Por ti, mi vida es la que es.

Tienes que seguir protegiéndome, ayudándome, defendiéndome, preocupándote por mi.

No acabes con todo. No seas egoísta, piensa en mi.

23 de enero de 2012

El humo de tu cigarro me acaricia como tus manos lo hacían por mi cuerpo hace unos instantes.
Tienes la mirada perdida como en el éxtasis de la noche.
Un escalofrío me recorre al volver a sentir el roce de tu pierna.
El cigarro se ha consumido, te marchas. Aquí me quedo, con los labios húmedos de tus besos, sola una vez más y a la espera de sentir tu cuerpo en un nuevo encuentro.