7 de octubre de 2012

De momento


Con esa sonrisa de pícaro, de travesura tras travesura, te conocí. Me saludaste con dos besos y ya me trataste como si de siempre nos conociéramos. Me avasallaste a preguntas, querías que te contara de mi vida. Pensé que raramente te volvería a ver. Un típico ya nos veremos, que siempre queda en nada.

Y de pronto tengo tu espalda entre mis manos. Y entre risas y bromas, burlas, manotazos, y alguna patada, ya estás en mí, formando parte de lo que soy. Me llamas y un café nos acerca más, ahora sí, te puedo insultar con tranquilidad. Frases que nos acompañan, algo muy tuyo. Una noche fría, masajes colectivos, sueño y pocas mantas, tu abrazo. Una especie de despedida que me hacía dudar de un nuevo encuentro, y que tan solo fue el comienzo de algo más. Te extrañaré, dos besos y un adiós.
 
24 horas después el teléfono sonó, como los siguientes 12 días. Una llamada, un mensaje de texto. Un cómo estás, un qué has hecho hoy, un tengo una horita para vernos... una forma de cambiarme la cara, de animarme tras un bajón. Y entre tonterías no podía dejar de abrazarte, algo así como un osito de peluche, algo así como un refugio, como una seguridad. Un intento de enfado entre tantas burlas, un “chiste” que me seguirá siempre. El encuentro no planeado una noche de viernes. Después, un mensaje diferente. La despedida oficial, comida, música, tus labios, una foto que interrumpe. El adiós. Tres días más, tres encuentros más, tres adiós más. Mis lágrimas en tu hombro, tu sabor en mis labios. Un hasta pronto. Y el último mensaje, que me hace reír y añorarte, y que trae a mi cada momento juntos, que llevaré conmigo, igual que tu pañuelo y tu olor.
 
Déjame decirte que entre bromas y risas no quise creer lo que me decías y que aún hoy me cuesta aceptar tus palabras por temor de colgarme de una ironía. Pero, ¿sabes?, la vida pasa de momento y yo ahora te recuerdo con esa sonrisa de pícaro, de travesura tras travesura.